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4º Domingo de Advietno

¡Paz y Bien!, En nuestro caminar de Adviento, nos vamos acercando a su cumbre, ya el IV Domingo. Domingo que nos recuerda cómo fue la primera venida del Señor como uno de nosotros, hecho Niño en Belén. Son días de alegría, días en los que todo nuestro ambiente cambia, también en la sociedad, aunque se hace superficial, y en vez de profundizar en la realidad del Misterio podemos dejarnos llevar de las luces y colores.


Dice el Evangelio que, José era bueno y justo, y “decidió repudiarla en secreto”: esto es, buscó el bien de María, no se dejó llevar por su orgullo herido, sino que dentro del dolor, buscó el mayor bien para María y la criatura que llevaba en su seno. Es esta una enseñanza fundamental, porque el amor, por encima del dolor, aunque reciba daño de la persona a la que quiere sabe perdonar y buscar el bien. 
Y tras esta decisión el Señor interviene y aclara todas las dudas a José. ¿Qué aprendemos de esta situación? Hay veces que Dios guarda silencio, porque necesita nuestra fe, nuestra buena voluntad, necesita utilizarla para acrecentar en nosotros el amor y el sacrificio, y tras este vuelve la luz, una luz mucho más radiante que la primera. 


Por eso, en este IV Domingo vamos a realizar nuestros tres gestos:

n      Encenderemos 1 Vela de la Corona: la 4ª vela de nuestra corona, y recibimos el mensaje de este día “Hágase”. La disponibilidad a la voluntad de Dios es la que abre nuestra vida a cosas grandes, a que Él sea el verdadero protagonista y no seamos obstáculos a su acción.


n      Colocamos 1 Figura del portal:
Nuestra figura esta semana, ha de ser, cómo no, María, la Madre, la Virgen. Ella es, la que como dice el Papa Francisco, “sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura. Ella es la esclava del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios”. 



n      Colocamos nuestras bolas Color Rojo en el Árbol de Navidad junto al Belén:
En esta última semana del Adviento y teniendo a María como modelo y ejemplo para recibir a Jesús. Colocamos nuestras bolas rojas, el rojo suele representar el amor. Y María nos enseña a poner en nuestra vida “pequeños gestos de Amor”, que la hacen más cálida, más llena de ternura, de paz, de amistad… Son gestos de amor cotidiano, silencioso y pequeño, pero que van llenando nuestro corazón y el de los demás y, a la vez, son el mejor reflejo del amor de Dios y nos van preparando para los grandes gestos de amor que en ocasiones la vida nos pide.
Decoremos hoy, nuestro árbol, con pequeños gestos cotidianos que hagan la vida de los demás más alegre, más sencilla, más cálida:
Sonreír, dar los buenos días, saludar, servir el agua, sujetar la puerta, compartir, doblar una servilleta, escuchar, acompañar al enfermo, esperar con paciencia,…
















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